UN CHULETÓN EN NARÓN

12.01.2020

Llegada a una determinada edad, cumplir años es un proceso duro, deprimente y que genera una profunda reflexión, pero si además eres un fofisano, es aún peor. Con la edad las mollas entran en el proceso que yo llamo "fosilización", es decir, permanecen eternas en el tiempo siendo probable que te acompañen hasta el final de los días. Para las mujeres, este palo de la naturaleza se ve incrementado con otros procesos fisiológicos que ni entiendo, ni quiero entender...de los que padecemos colateralmente sin querer las parejas.

Nosotros, como todos los mortales, estamos en esa edad en la que cumplir años ya no tiene ni puta gracia. Recuerdo con ilusión cuando aún era niño (era como el personaje de gordi de los goonies, pero con el pelo moreno) la emoción de cumplir años e ir haciéndome mayor. Primero contaba los años que quedaban para poder subir a las atracciones de la feria, luego contaba los años que me faltaban para poder hacerme el DNI...ver películas de mayores de 16...llegar a la universidad...y así sucesivamente hasta que la cuenta empezó a no hacerme tanta ilusión. Pero de lo que nunca hemos perdido la ilusión es de los regalos!, y es que aunque sea una putada esto de hacerse mayor, un buen regalo te anima más el día.

Y es aquí, amigo fofisano, donde en un alarde de inteligencia masculina tuve la feliz idea de preguntarle a Alejandra "¿Qué quieres por tu cumpleaños?"...ERROR!!, nunca jamás...pero jamás de los jamases le preguntéis a una mujer que quiere que le regaléis, porque amigos míos, estaréis más vendidos que las braguillas de a euro de los mercadillos. Poneros en situación, imagina que te pide un iphone último modelo, o una joya de esas que se ponen en el dedo mientras te tienes que arrodillar, y en ese punto, ¿cómo dices que no?...No negaré que me di cuenta de mi garrafal error a los pocos segundos de pronunciar la frase que jamás debéis decirle a vuestras respectivas parejas, pero soy un valiente, y asumí las consecuencias.

La expresión de Alejandra me empezó a asustar, en cámara lenta vislumbraba como abría los ojos como platos, sonreía plácidamente, y a la par que tragaba saliva pronunciaba..."Pues quiero que me lleves a comer un chuletón!"....y es por esto amigos por lo que no puedo estar más enamorado de esta glotona amante del buen comer...de que mente privilegiada cabría esperar semejante respuesta? Pues de mi media naranja! Cuan benevolente eres conmigo bendito destino!

A parte de ser un fofisano en toda regla, soy también un auténtico hombre blandengue, así que cumpliendo con mi deber, y buscando la satisfacción de mi jefa, me puse a la tarea...la búsqueda del chuletón perfecto!. Tras consultar a mis contactos del trabajo (solo entablé contacto con a quien mis ojos tenía un prominente barrigón, síntoma de ser alguien que sabe de lo que habla en este aspecto) me dieron varias opciones, y por algún motivo ajeno a toda lógica escogí el sitio menos conocido. Hice un par de ojeadas por la web y lo que vi me gustó.

El restaurante Marcial se encuentra situado en Narón, en la zona de Xuvia. En una calle recóndita que no llama la atención por nada se encuentra este paraíso de la cocina de verdad, de la que te quita el sentido. Al ver las fotos en la web, lo primero que hice fue llamar para reservar, viendo semejante delicia al otro lado de mi pantalla pensé que estaría repleto de gente, pero nada más lejos de la realidad. Al entrar en el local descubrimos que estábamos solos...más tarde se ocuparían dos mesas más, pero para un amargado antisocial como yo, me encontraba en mi salsa.

El ambiente cojonudo, relajante y tranquilo...es el típico ambiente que te ayuda a concentrarte para el atracón que se te avecina. El trato del personal excelente, como en casi todos los sitios de esta maravillosa tierra. Al poco de entrar, el "garçon" nos trajo la carta...mi madre! Al ver los precios casi me da un patatús. Para el que no me conozca, soy agarrao hasta decir basta! De hecho mi lema es LOWCOST, cualquiera dirá que es un anglicismo adoptado de bla bla bla...un pijo, esa palabra la inventé yo y soy el rey de lo barato (que no de lo cutre). Claro, una vez reservado, no podía solo tomarme una cerveza, ante todo soy un caballero...pero el ambiente era tan ideal que...de perdidos al río.

Antes de nada, el bebercio. Yo pedí una cerveza, (Alejandra como siempre dando por saco...pidió algo que me niego a nombrar...pero es negro y con gas...QUE MANÍA!) al rato me trajeron una COPA de globo rebosante de fría cerveza...ahí comprendí con este detalle que estaba en el sitio adecuado, que placer. Acompañando a la cerveza un cuenquito de caldo a modo de tapa...empezamos bien.

Mientras ojeaba la carta me di cuenta de que la carta era escasa en extensión. Si eres un buen comedor sabrás que es síntoma de que lo que hacen lo hacen de cojones, es algo obvio...el que mucho abarca, poco aprieta...y estos del Marcial saben apretar pero bien. Tras una ojeada rápida lo tenía claro. Para abrir boca: Croquetas de cecina de León, Foi a la plancha con compota de manzana, y para repellar las paredes estomacales un chuletón de vaca rubia gallega madurado en cámara 72 días.

Por partes, agárrate y coge un troncho de pan mientras lees lo que se avecina (lo vas a necesitar). Las croquetas bien, sobre cama de patatas y con un fuerte sabor a cecina. Reconozco que de todas las chacinas la cecina es una de mis preferidas, de hecho, cada primer domingo de mes bajo al feirón de mi barrio a comprarme unas lonchitas de tan preciado manjar. Este primer bocado es ese que te empieza a despertar el apetito voraz.

Acabado este plato, de tamaño aceptable, apareció enseguida el foi a la plancha con compota de manzana. Decidí pedirlo porque la señora cumpleañera no había probado un foi a la plancha anteriormente, algo impensable y de merecido castigo! Menos mal que puse remedio a tal ofensa gastronómica. Alejandra, mirándolo con cierto recelo, se decidió a coger una puntita...a los pocos segundos tuve que alejarle el plato para poder catarlo yo...cual hiena de la sabana hambrienta se tiró a por el foi veloz y ferozmente. Coño!, pues sí que le gustó.

Después de estos "ligeros" entrantes, llegaba el rey de la casa, su majestad el chuletón! Un chuletón de 1400 gr a la piedra, humeante y bañado en sal gorda. Al ver semejante maravilla solo pude santiguarme, darle gracias al señor por haber creado a las vacas y me dispuse a clavar el tenedor como el capitán Ahab a Mobi dick. Antes de describir este orgasmo cárnico comentar que no sabía lo que era el chuletón madurado en cámara, que ignorancia la mía!. Aquí en el norte son unos fenómenos, dejan los chuletones frescos (de vaca vieja) en cámaras refrigeradas de manera que se maduran (o lo que viene siendo, se medio pudren) creándose una capa externa de un moho verdoso que hace que la carne esté tierna y con un sabor ligeramente rancio que hace que las papilas gustativas bailen el hoolahop alrededor de tu campanilla...Jesús María y José, que puto manjar. La carne totalmente blandita, como mantequilla, de un sabor que antes no había probado (solo había comido chuletón fresco). Creo que ha sido la comida en la que menos hemos conversado Alejandra y yo, buen síntoma.

Después de comernos semejante barbarie de carne, repito 1400 gramos de pura gloria bendita, el homenaje fue tal que tuve que deslorzarme, aflojando un agujero del cinturón. La satisfacción fue tan orgásmica que nos quedamos espanzurrados sobre la silla mirando al infinito y agradeciendo semejante triunfo. La cara del camarero al vernos fue de orgullo y de satisfacción por el trabajo bien hecho, como cabía esperar. Tímidamente nos preguntó si queríamos postre, ya que la respuesta que se imaginaba sería un no rotundo, pero nos entraron dudas...total, trae la carta "por si acaso". A estas alturas de la batalla, Alejandra saco bandera blanca y se retiró satisfecha por la victoria, yo, viendo los postres "dulces", me pretendía retirar también, pero entre líneas alcancé a leer antes de cerrar la carta "queso de Arzua con membrillo"....por la gloria de mi madre! Camarero! Ven pa acá! Queso!. Imagino que le debió sentar mal la llamada con ahínco, porque el plato que me puso...hay que ser cabroncete, un plato de queso con membrillo, acompañado de una cesta de pan. Después de sentirme a morir, sacando a relucir mis genes paternos, me zampé todo el queso y todo el pan, de hecho tuve que pedir otra copa de cerveza para poder tragarme el "postre".

Ahora si pude dar por finalizado el mejor regalo de cumpleaños que he hecho jamás. Empezando porque es lo mejor que se le puede regalar a alguien, y aún mejor porque fue un regalo compartido!

Y es así como, por primera vez en mi vida no pensé en los peculios, y pagué la factura con gusto y a mucha honra. Sin duda alguna, el mejor chuletón de nuestras vidas (hasta hoy).

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