ECUADOR 2018 2º PARTE
Antes de comenzar a leer este apasionante post, si no has leído la parte 1 te dejo AQUÍ el enlace para que te metas en materia.
Después de sobrevivir a una cagalera de esgurriete y salir del centro médico mi lozano y fornido cuerpo se encontraba ya como nuevo para afrontar la segunda parte del viaje, eso sí, con la absoluta supervisión de Alejandra en el tema de las comidas. Mi plan de seguir probando ricos y nuevos manjares se iba a ver truncado por las amenazas de la jefa. Algún día volveré a Ecuador para probar el cuy (una especie de cobaya que se come en la sierra a la brasa).
Pasado el año nuevo, esperamos a que Kleber saliera de trabajar para coger el coche y poner rumbo a la zona de la sierra. Largas horas de viaje nos esperaban, que por cierto aproveche para contemplar el paisaje e intentar no perderme nada. Como primer destino teníamos previsto Cuenca a unas 6 horas de coche con paradas, sin embargo solo está a 375Km, por lo que con eso te puedes hacer una idea de la carretera. Iniciamos camino, y el primer punto del recorrido de interés es Guayaquil, a unas dos horas de Santa Elena. Afianzado como el centro económico de la costa, esta población de 2.700.000 habitantes sorprende a un foráneo como yo. Es una ciudad de grandes dimensiones de la cual hablaré en otro post. Tras atravesar ese infernal tráfico bajo un aplastante calor salimos de Guayaquil dirección a la sierra. Tras unos kilómetros de llanuras llenas de plantaciones de banana empezamos a subir por una carretera sinuosa de gran pendiente y con mucho tráfico de camiones y autobuses. Enseguida empiezo a notar como la temperatura comienza a bajar de manera fulminante, lo cual se agradece. Después de subir unos metros, comienza a aparecer una niebla no muy densa y empiezo a ver como los tonos verdes de la vegetación inundan los bordes de la carretera. Seguimos el viaje y poco a poco vamos adentrándonos en una zona totalmente distinta a la costa, que gran diversidad en tan poca extensión, increíble. Siguiendo camino paramos en un restaurante a comer en pleno Parque Nacional Cajas, Rancho Hermanos Prado. A orillas de la carretera se encuentra este idílico lugar en un emplazamiento espectacular. Aquí puedo ver por primera vez y de cerca a las llamas, un animal simpático y curioso, que dicen que te escupe si te acercas mucho (o quizá eso me dijeron para que no esté dándole por saco al pobre animal). En este lugar comí un caldo de gallina, exquisito, además me venía bien a mi convaleciente estómago. Después de degustar aquel manjar y dar un paseo por aquel bello lugar cogimos carretera de nuevo siguiendo dirección a Cuenca.

En Cuenca nos esperaba Diana, una prima de mi suegro a la cual conocí en Almería, ya que casualmente hizo allí un doctorado. La llegada a Cuenca me sorprendió gratamente. Hasta ese momento todas las poblaciones que había visto en Ecuador distaban bastante de la morfología y tipología de esta ciudad. Fundada en 1557 por los colonos españoles Cuenca se encuentra en plena cordillera de los Andes a unos 2500 metros de altitud, que no está nada mal, teniendo en cuenta que por ejemplo el Mulhacén está a unos 3400 metros. Conocida como la ciudad de la cultura, esta gran urbe de 330.000 habitantes cuenta con numerosas iglesias, museos, universidades y gran oferta cultural, una maravilla digna de ver. Las construcciones son muy diferentes a las de la costa y aquí se pueden apreciar una gran diversidad de edificaciones coloniales que aún se conservan de la época, así como su majestuosa Catedral que tiene una cierta similitud a la Catedral de la Basílica de San Pedro. Paseamos durante un día entero disfrutando del agradable clima y subimos al Mirador de Turi donde pudimos contemplar con total esplendor su majestuosidad. Para acabar el día visitamos a otros primos de Kleber, nos invitaron a su casa, una casa espectacular de tipo colonial que me dejó totalmente perplejo, al igual que su hospitalidad, inigualable.

Después de visitar Cuenca y sus condominios, nos dirigimos a Baños de Agua Santa. Sin duda alguna la mejor parte del viaje, y la guinda del pastel. Baños es una población incrustada en la cordillera y rodeada de naturaleza salvaje. Cascadas, cañones, ríos...sinceramente no me esperaba semejante derroche natural. Esta zona es la meca de todo deportista de aventura, ideal para los que tienen vértigo vaya. Puenting, tirolina, rafting, rutas en buggies...etc. Nuestra aventura en Baños solo duró un día pero estuvo aprovechado al máximo. Para abrir boca cruzamos un gran cañón en una jaula, mi suegra estaba más tensa que la faja de Falete. De ahí, nos tiramos en tirolina cruzando otro cañón enorme, esta vez Kleber, Alejandra y yo a la vez y en posición de Superman. Sacando mi lado más femenino, empecé a gritar mientras sobrevolaba semejante altitud, si no eran 100 metros...no sé cuántos serían pero, pero ponía en duda que los cables soportaran mi cuerpecico serrano, que barbaridad. De ahí nos dirigimos al Pailón del Diablo, es una cascada inmensa con un mirador que quita el sentido. Aquí tuvo lugar el momento más importante del viaje, el cual supongo que no olvidaremos ninguno de los presentes jamás. Los días previos, como noble caballero, le pedí la mano de Alejandra a mi suegro en el más absoluto secreto, para dar la sorpresa. Sabía que la petición se la iba a hacer en Ecuador pero no sabía exactamente el punto exacto, ahí me ayudó mi suegro a elegir el punto perfecto, y acertó de lleno desde luego. Desde España ya llevaba el anillo, tuve que cogerle un anillo prestado sin que se enterase a la susodicha para dar con la talla, y así me lleve el anillo a escondidas hasta Ecuador. Llegados al Pailón, me quedé asombrado al contemplar aquella salvajada de cascada, la fuerza del agua producía un estruendo ensordecedor. Una vez situado en el mirador, me armé de valor y aplicando la táctica del engaño (la de atarme los cordones de los zapatos) hinqué la rodilla en el suelo y le pedí matrimonio a Alejandra...menos mal que el ruido del agua no dejaba escuchar el discurso que días antes había preparado, porque los nervios eran tales, que me quedé en blanco, diciendo frases inconexas. Supongo que Alejandra, al no escuchar un carajo, tiraría de imaginación y dijo que sí.

Conseguido el gran paso, nos dirigimos a la cascada Machay, una cascada mucho más pequeña que la del Pailón pero accesible desde abajo. Aquí pudimos disfrutar de un plácido descanso mientras nos remojábamos los pies en el riachuelo, un sitio también interesante para ver. Pero aquí no quedaba todo, por la tarde, después de comer fuimos a una atracción famosa del lugar, la bestia. Esto ni más ni menos es uno de los columpios más altos del mundo, te atan y te columpian hacia un abismo. Cómo será la atracción que justo antes de mi turno bajaba una chica extranjera, con pinta de yankee, llorando y maldiciendo a sus amigos. Total, después del emocionante día había que culminarlo como Dios manda, y allí estaba yo, atado con arneses sobre una plataforma que al sonido de un click se abría...espectacular es poco, además coincidía con que ese día estaba con una niebla densa y espesa, así que era como caer en un abismo de verdad...que chulada, y que ronquera me dio de los gritos que pegué, sin duda alguna, solté toda la adrenalina.

Para acabar el día como buenos fofisanos reservamos en un restaurante de carne, para celebrar el compromiso, algo especial. Andurreando por las calles de baños dimos con este sitio, que no tenía mala pinta, solo con olisquear la puerta ya sabía que allí se servía comida en condiciones. Pedimos dos Tomahawk Steaks para compartir entre los 4, es decir, un chuletón por cada dos. No sabía lo que era el Tomahawk, pero con ese nombre se debía tratar de algo imponente, y así fue. Un chuletón con hueso sobre piedra incandescente. He de decir que me sorprendió aunque en estos lares abusan del condimento, a mí me gusta la ternera en todo su esplendor y sin aderezos. Este troncho venía con hierbas varias y flameado en mesa con algún tipo de bebida alcohólica, pero estaba bien rico, y cantidad suficiente para llenar el buche, excelente.

Al día siguiente marchamos de aquel paraíso para dirigirnos a uno de los lugares más míticos de Ecuador, el Chimborazo!. Este volcán es el pico más alejado del centro de la tierra con una altitud sobre el nivel del mar de 6268 metros. La subida al Chimborazo fue una experiencia en toda regla, obviamente no subimos a la cima, donde solo los expertos montañeros pueden acceder, pero si subimos al primer refugio o campo base, situado a cota de 4850 metros. Aquí pude experimentar por primera vez en mi vida (y espero que por ultima) el famoso mal de altura. Literalmente notas que te falta el aire, cuesta respirar, se te cierra el estómago y sientes una sensación de mareo permanente debido a la hipoxia (leve por supuesto). Al llegar, entramos en el refugio donde degustamos una agradable infusión de coca, precisamente para contrarestar el mal de altura, aunque no me sirvió de mucho, algo si noté. Acabada la infusión salimos a intentar subir unos metros a pie por una de las sendas. Me llamó la atención la dificultad que encontré en cada paso, realmente lo del mal de altura se nota, curioso de verdad. También me llamó la atención la cantidad de placas conmemorando a ilustrados alpinistas que perecieron en el Chimborazo, al igual que el Everest (salvando las distancias) en el Chimborazo muchos montañeros han perdido la vida, y allí está la prueba de ello.

Después de contemplar ese paisaje medio lunar, y ausente de vegetación pusimos rumbo a Riobamba, allí nos encontraríamos con otra parte de la familia de mi suegro, que al igual que en Cuenca nos acogieron con los brazos abiertos. De ahí nos dirigimos a Guano, un pueblecillo de la sierra también famoso por el cuero, venden ropa y accesorios de cuero por doquier, aquí nos tomamos un helado y descansamos un poco antes de poner rumbo de vuelta a Santa Elena, donde acabaría nuestro viaje a Ecuador. Al día siguiente viajaríamos a Guayaquil para coger el avión de regreso a España.
Este viaje ha sido inolvidable, y seguro que volvemos a repetir en un futuro cercano. Se lo recomiendo a todo el mundo, eso sí, no comáis ceviche de concha!
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